Una habitación en la penumbra, una casa situada a las afueras de la ciudad, una chica sentada en el borde de su ventana observando la noche oscura, no habían estrellas, no estaba la plateada luna…
-Hace algo de frío mi niña- dijo la voz de una mujer mayor, sentada en el borde de la cama.
-Yo no siento nada- contestó la voz femenina que estaba situada en el ventanal.
-Cierre la ventana mi niña, duerma un poco, lleva días sin dejar de ver hacía la colina, sin dormir ni comer, se enfermará.
-Eso es para la gente normal, yo no enfermaré, además cumplo una promesa.
-¿Qué promesa?
Ella calló por unos segundos, algunos suspiros después pudo responder.
-Quería verme seguir mi vida, quería que yo estuviera bien.
-Pues no lo está cumpliendo- dijo la anciana.
-No es esa promesa, prometí no dejarlo de amar, y lo estoy cumpliendo.
-Él se fue.
-No es cierto.
La mujer mayor se levantó de la cama y le acercó la bata de algodón para que se la colocase encima del camisón que llevaba.
-Estaré en la cocina, le traeré algo de cenar.
Se salió de la habitación dejándola sola.
Era cierto, habían sido ya varios días sentada contemplando el paisaje por donde el había partido, por donde sin saber en que consistía se lo habían llevado alejándolo de ella, dejándola sola sin alguna explicación seria. Se sentía culpable por no tenerlo cerca por más que sus amigas le decían que tenía que calmarse.
Una de ellas, la que más la había apoyado incondicionalmente le había dicho “no pierdas la fe, pasamos por lo mismo, no te dejes caer, se fuerte por los dos”.
Y no es que precisamente fuera la más valiente del lugar, pero sentía que hacía mucho con seguir viva, con respirar cada día.
-Te esperaré- dijo al viento- aquí estaré.
La anciana entró con una bandeja de comida que colocó en la cama.
-Mi niña… se ha ido, no volverá. Tiene que dejar esto por la paz.
Las lágrimas que había contenido desde el día que le dijeron que se había ido se derramaron por sus mejillas sin color.
-Yo se que regresará, no me dejará. ¡No fue su decisión irse!
-Ya supérelo por favor. Se esta lastimando.
-Yo lo amo, y él a mí; tu negatividad no me afectará- las lágrimas eran mas constantes que antes- por que volverá por mí, aunque sea a despedirse para siempre.
Guardaron silencio por un largo rato, ella lloraba más tranquila, de una manera mejor vista, tan solo suspiros y lágrimas.
-Y llegará la noche en que entre tus brazos este nuevamente, llegará la noche en que cruzaremos palabras nuevamente, y tú pedirás perdón por haberte ido y yo pediré perdón por haberte lastimado… y nos perdonaremos, estaremos juntos… ¡Por que es una promesa!
La anciana la vio preocupada, ansiosa por verla en ese estado, y sin dudarlo más salió de la alcoba en busca del médico.
-No es que esté loca- se dijo ella misma-… solo se que te esperaré incondicionalmente, aunque la gente me odie por eso, aunque jamás vuelvas siempre te esperaré… aunque siga adelante y forme mi vida, aquí estaré.
El viento sopló, removiéndole el cabello y secándole las lágrimas.
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